De la angustia a la Paz

Tuve una infancia feliz. Crecí junto a mis padres y mis hermanas en un hogar lleno de amor, valores y estabilidad emocional. Sin embargo, al ingresar a la universidad, comencé a desconectarme poco a poco de la voz orientadora de mis padres y de la vida espiritual que me había acompañado desde niña. Me alejé de la Iglesia y, movida por la ignorancia y la autosuficiencia, tomé decisiones que más adelante marcarían profundamente mi bienestar emocional y espiritual.

Después de cinco años de sufrimiento,fruto de mis propias decisiones, sentí la necesidad de volver al camino de Dios. Busqué refugio en Él y encontré una esperanza renovada. En ese momento, siendo madre soltera, vi en la emigración una oportunidad para brindarle un mejor futuro a mi hija. Soñaba con comprar una casa para ella y ofrecerle una vida digna. Sin embargo, aquella decisión implicó un sacrificio inmenso: dejar a toda mi familia y separarme de mi pequeña niña, que entonces tenía apenas cinco años.

Antes de salir de mi país, tuve un acercamiento con el movimiento Lazos de Amor Mariano y asistí a un retiro espiritual de renuncias. Esa experiencia sembró una semilla profunda en mi corazón: el deseo ardiente de conocer y amar a Dios.

Poco después de llegar a los Estados Unidos, me reencontré con dos amigos de la infancia, y a través de ese vínculo comenzó mi relación sentimental con quien hoy es mi esposo. Al principio, mis planes eran permanecer soltera y enfocarme en mis metas personales, pero todo cambió cuando iniciamos nuestro noviazgo. Reconozco que lo vivimos bajo nuestra propia voluntad y no conforme a la voluntad de Dios.

Con el tiempo, comencé a sentir un vacío profundo. Mi alma se llenó de tristeza, ansiedad, miedo y desesperanza. Era consciente de que ese sufrimiento provenía del pecado y de mis malas decisiones. Meses después decidimos convivir, aun sabiendo que vivir en unión libre no agradaba a Dios. Esa incoherencia generó en mí una gran disonancia interior, pues entendía lo que era correcto, pero mi voluntad se resistía a actuar conforme a ello.

A esto se sumaba que mi esposo, en aquel entonces, tenía un rechazo marcado hacia la fe católica. Su búsqueda espiritual lo había llevado hacia prácticas ajenas a la Iglesia. Aun así, yo continuaba asistiendo a la Santa Eucaristía y a la adoración al Santísimo Sacramento. No poder comulgar me causaba un profundo dolor y un sincero arrepentimiento.

En medio de esa lucha interior y del deseo de responder a las inquietudes espirituales de mi esposo, comencé a seguir a varios evangelizadores católicos a través de las redes sociales: el Padre Luis Toro, el programa Compañera, Esposa y Madre de Lazos de Amor Mariano, Cruz Siniestra en Plenitud de la Fe, William Toro en Enfoca tu Fe, entre otros.

Una mañana, movida por la necesidad de paz interior, le propuse a mi esposo que consideráramos el matrimonio sacramental. Su respuesta me sorprendió: “Está bien, amor. Si eso te hace sentir tranquila, casémonos”. A los pocos meses contrajimos matrimonio.

Sin embargo, después de casarnos surgió una nueva dificultad: el método de planificación familiar que utilizamos no era aceptado por la Iglesia. Mi conciencia se encontraba inquieta, pues sabía que debíamos buscar coherencia con nuestra fe, pero mi esposo no compartía la misma convicción. Durante ese tiempo continué formándome espiritualmente, escuchando las enseñanzas de Marino Restrepo, realizando la Consagración a Jesús por María según San Luis María Grignion de Montfort, y profundizando cada vez más en el conocimiento de la fe católica.

Fue entonces cuando conocí el testimonio de Marianita en el programa Rescatados por el Amor. Su historia me llenó de esperanza y me animó a perseverar en mi matrimonio. Sin embargo, mis luchas interiores continuaban, y las noches se volvieron difíciles: despertaba con el corazón acelerado y con la certeza de que mi alma estaba en peligro. Sabía cuál era la verdad, pero mi voluntad se resistía a obedecerla.

En medio de esa angustia decidí buscar ayuda. Contacté a Marianita por Facebook y, pocos días después, ella respondió. Así comenzó mi proceso terapéutico con Interviniendo con Fe. Desde la primera sesión experimenté una transformación profunda.

Como psicóloga, me sorprendió enormemente encontrar una profesional que integrara la salud mental con la fe católica, trabajando desde el alma y para el alma. A través del acompañamiento, pude reconectar con mi esencia, sanar heridas emocionales y espirituales, y comprender la raíz de mis conflictos internos. Aprendí que la verdadera restauración del ser humano ocurre cuando el alma encuentra la paz.

Durante este proceso, mi esposo fue testigo de mi cambio. Observó coherencia entre mis palabras y mis actos, lo que despertó en él un interés sincero por conocer la verdad de la Iglesia. Comenzó a estudiar la historia del cristianismo, a buscar respuestas y, con el tiempo, experimentó también una profunda conversión. Hoy en día manifiesta sentirse pleno, en paz y espiritualmente satisfecho.

Ambos hemos recibido el sacramento de la confesión y procuramos vivir en coherencia con nuestra fe, practicando el método natural de reconocimiento del ciclo.

Puedo afirmar con certeza que Interviniendo con Fe fue el instrumento que Dios utilizó para restaurar mi integridad mental, emocional y espiritual. He comprendido que cuando el alma no está en paz, esa angustia se refleja en el cuerpo y en la conducta. Hoy vivo reconciliada conmigo misma, con mi esposo y con Dios.

Este proceso de sanación integral me ha permitido redescubrir la belleza de la fe y la importancia de vivir en coherencia con ella. Actualmente, mi esposo y yo caminamos juntos en la gracia de Dios, llenos de esperanza y con el propósito de regresar a Colombia para continuar nuestra misión familiar en paz y armonía.

Interviniendo con Fé

Fé que transforma, acompañamiento que restaura.

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